
Un escalofrío recorre mi cuerpo cada vez que veo esta fotografía que tiré en un polígono industrial de Chiclana de la Frontera, si no fuera por el rótulo de "Puertas", todos pensaríamos que esta imagen correspondería a una sala de sadomasoquismo extremo, o a una tienda de arte conceptual donde venden objetos imposibles.
¿Quién se atrevería a cortar con una sierra que al final de su hoja tiene la maza de un martillo?, ¿algún carpintero paranoico al que le gustase demostrar la imposibilidad de un corte perfecto por tanto desequilibrio?, ¿qué tipo de mobiliario fabricaría?. O bien, ¿quién se atrevería clavar lo más mínimo con un martillo cuyo mango se ha convertido en una afilada sierra?, ¿utilizaría guantes de acero para protegerse las manos?, ¿cuántos golpes puede resistir nuestra piel por el uso de semejante utensilio?, ¿provocará placer?, ¿se tratará de una crítica política —en clave artística— del desgaste por el trabajo?.
Me invade el miedo cuando pienso en la idea que tendrán los dueños de lo que es una carpintería, o qué demonios le pudo ocurrir en su infancia al grafista que hizo el diseño, y sobre todo hay dos preguntas que me turban cada noche antes de dormir…una es ¿son Las Albinas familiares lejanos de las jóvenes demoniacas que salen en las películas tipo "The Ring"?, y la otra ¿Cuando tu abres una puerta de "Las Albinas" a qué universo, dimensión o infierno entras?.
